¿Qué es la disglosia?

¿Qué es la disglosia?

La disglosia, es un trastorno del habla. Por ello, es un trastorno de las articulaciones o malformación de los órganos periféricos del habla. En consecuencia, los problemas de pronunciación son muy complejos, ya que hay factores de tipo orgánico.

Algunos ejemplos de disglosia pueden incluir:

  • Dificultad para producir sonidos consonánticos como «s», «l», «r», etc.
  • Distorsión de sonidos, como sustituir un «p» por un «b» o un «t» por un «d».
  • Dificultad para pronunciar palabras complejas, como «especialmente» o «chocolate».
  • Dificultad para articular palabras de forma clara y precisa, lo que puede hacer que el habla suene borrosa o desorganizada.

Vemos que, la disglosia es un trastorno más común de lo que en un principio podemos pensar. Por ello, no deben confundirse con los problemas de lenguaje. Debido a esto, se dan problemas muy importantes en la pronunciación de la persona.

También, hemos de tener en cuenta que es un conjunto de elementos semiológicos. Estos elementos, comparan las estructuras lingüísticas de una persona con las de otra que habla normal. Por ello, en esta comparación se utiliza como referencia la posesión y buen funcionamiento  de los elementos anatómicos, funcionales y ambientales.

Síntomas de la disglosia

Entre los síntomas de la disglosia, distinguimos entre los síntomas nucleares  y los síntomas asociados. Dentro de la sintomatología nuclear, los síntomas aparecen por una alteración en la articulación de los fonemas. Además, estas alteraciones están producidas por malformaciones anatómicas de los órganos asociados al habla.

Por otro lado, la sintomatología asociada presenta rinofonías. Estas rinofonías se definen como alteraciones de la voz derivadas de lesiones que se producen en las cavidades de la resonancia. Además, este trastorno puede presentarse cuando existe retraso escolar , dificultades en la lectoescritura, en la fluidez o incluso hipoacusias.

Las causas de la disglosia quedan recogidas en los siguientes puntos.

  • Las malformaciones congénitas
  • Los trastornos del crecimiento.
  • Las parálisis periféricas por lesiones.

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La huella de la pandemia en niños y adolescentes: duermen menos, comen peor y son más infelices, sobre todo ellas

La huella de la pandemia en niños y adolescentes: duermen menos, comen peor y son más infelices, sobre todo ellas

El cambio de hábitos derivado de las restricciones de la covid hizo disminuir la actividad física de los menores de entre 8 y 16 años y aumentó el uso de pantallas.

Los tres años de pandemia con sus confinamientos, reducción de la vida social y clases a distancia han empeorado los hábitos saludables de niños y jóvenes españoles: ahora realizan menos ejercicio físico, pasan más tiempo delante de las pantallas, duermen menos, siguen menos la dieta mediterránea y se sienten más infelices (sobre todo, las chicas). Su tasa de sobrepeso u obesidad mejora ligeramente, pero todavía afecta a casi un tercio del total.

Uno de cada tres niños y jóvenes españoles tiene sobrepeso u obesidad, una de las peores cifras de Europa, tras destacar que esta epidemia está marcada por las desigualdades sociales. Es decir, que afecta casi el doble a los menores de familias con menos renta, que son además los que menos siguen la dieta mediterránea y los que más comida basura consumen.

Los datos de sobrepeso y obesidad han mejorado ligeramente desde 2019 (del 36% al 33,5%), pero puede ser que el incipiente deterioro en los hábitos de salud no haya tenido tiempo de consolidación, o bien que los adolescentes con más sobrepeso hayan declinado participar, porque hay una situación de creciente estigma social alrededor del peso.

El Ministerio de Consumo está trabajando “en medidas que limiten el ambiente obesogénico [que impulsa la obesidad] para los menores, así como su acceso a bebidas y alimentos de baja calidad nutricional”.

Bienestar emocional

Uno de los datos más preocupantes tiene que ver con el bienestar emocional: un 40,1% de las niñas de entre 8 y 16 años en España declara sentirse preocupada, triste o infeliz, un porcentaje muy superior al de los niños (23,9 %). Estas diferencias se deben a “desigualdades de género”: La adolescencia es un periodo clave en el proceso de construcción de la identidad, y por eso precisamente ahí se producen muchas inseguridades en forma de tristeza, de preocupación, de miedos, de complejos… A esa inseguridad están más expuestas las niñas, porque maduran cognitivamente antes que los niños, y porque la sociedad las expone más a que se sientan inseguras.

Las chicas están más expuestas socialmente a los estereotipos de género, a cuestiones de valoración de su imagen corporal, y a cómo les afecta eso en la manera en la que se sienten como personas. Desde luego, hay una desigualdad de género en cómo se ve el cuerpo, las chicas están expuestas a ciertos estereotipos, y la imagen corporal les afecta más. Además, también puede ocurrir que a los niños les cueste reconocer que se sienten tristes, eso es como reconocer una debilidad, y no está bien visto en el modelo de masculinidad predominante. Entiendo que esa sensación estará infraestimada en los chicos.

Esa preocupación afecta mucho más en la etapa de la adolescencia (41,6 %) que en la infancia (20,4%). Esta dimensión es la que presenta un mayor deterioro en el que, probablemente, ha influido de forma relevante el cambio de dinámicas sociales que ha experimentado la infancia, y sobre todo la adolescencia, durante la crisis sanitaria de la covid-19.

Menos deporte cada día

Mientras, la actividad física sobre la que tan solo hay resultados parciales se ha reducido en 23 minutos diarios respecto a los datos de hace tres años. La recomendación es que los menores realicen 60 minutos diarios de deporte, algo que ya se incumplía en 2019, pero que ahora está cada vez más lejos de cumplirse.

Además, casi la mitad de la población infantil y adolescente incumple la recomendación de horas de sueño (11 horas para los más pequeños, al menos 8 para los mayores) tanto en los días entre semana como en los del fin de semana. Este incumplimiento es mayor en las participantes de género femenino, en la adolescencia y en los centros educativos situados en barrios con menor renta.

El porcentaje de jóvenes que incumple con la recomendación de horas de sueño se ha incrementado en un 5,8% para los días entre semana. Este factor del estilo de vida tiene un efecto estructural sobre el rendimiento académico, el resto de factores de estilo de vida y el bienestar y la calidad de vida de la sociedad y por ello conviene que las intervenciones de promoción de la salud comunitaria lo incluyan como una cuestión esencial a abordar.

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Entre el ‘Me gusta’ y la inseguridad: cómo afectan las redes sociales a las relaciones de pareja

Entre el ‘Me gusta’ y la inseguridad: cómo afectan las redes sociales a las relaciones de pareja

Las plataformas pueden facilitar la interacción y la comunicación, pero también crear falsas expectativas y potenciar los celos y la desconfianza. Es clave establecer unos límites entre la privacidad y la libertad individual

Nueve de cada diez españoles usan las redes sociales y pasan casi dos horas al día en ellas, según el informe Digital 2022 de la agencia We are social y de la plataforma Hootsuite. Es innegable la presencia que sitios como Instagram, WhatsApp y Facebook, entre otros, tienen en nuestras vidas y no sorprende que también se meta en las relaciones afectivas.

Colocar una foto de perfil con la pareja en una red social o indicar que se tiene una relación se asocia con mayor felicidad y satisfacción. Pero estas herramientas, que facilitan conocer a personas en cualquier momento, también se relacionan con celos y miedo a la infidelidad. Permiten observar cómo se relaciona la pareja con los demás y eso puede despertar temores e inseguridades. Un Me gusta dado a una determinada foto es una evidencia de atracción hacia otras personas, un comentario permite darse cuenta de cómo interacciona la pareja con otros. Ojos que ven, corazón que siente.

Según Naciones Unidas, el 95% de las conductas agresivas que tienen lugar en el ciberespacio están dirigidas hacia mujeres y llevadas a cabo por hombres.

En las redes sociales se reproducen situaciones que se dan en la realidad offline. Así, también son herramientas a través de las que se ejerce violencia y son las mujeres quienes la reciben más. Las acciones de violencia de género que más se dan en el entorno online son el control a través de las redes sociales, el robo de contraseñas, la difusión de asuntos íntimos y personales, la expansión de contenido sexual y la emisión de amenazas e insultos.

A pesar de todo esto, el efecto no es siempre negativo. En el estudio Influencia de las redes sociales en las relaciones de pareja, se encontró que las parejas encuestadas aseguraban que las redes sociales tenían una influencia más positiva (60%) que negativa (40%) en su relación. Entre los aspectos positivos destacaban que facilita la interacción y la comunicación. En el segundo grupo, que fomenta los celos y la desconfianza.

Las redes sociales pueden crear falsas expectativas sobre las relaciones y, por otro lado, generan una sensación de inmediatez que hace que, muchas veces, no seamos capaces de gestionar que no haya una respuesta tan rápida como nos gustaría. Esto genera desconfianza, reproches y presión. Pero también destaca la parte positiva en cuanto a que facilitan el mantenimiento de relaciones con nuestro entorno cercano, independientemente de la distancia. Al final, se demoniza un mero instrumento que no es ni bueno ni malo.

Cuestión de edad

Si se tiene en cuenta que entre la juventud el uso de las redes sociales es mayor, cabría esperar que la influencia de Instagram, WhatsApp y demás fuera más acusada entre parejas de menor edad. Las parejas de más edad, en muchos casos, no las utilizan de manera habitual o las tienen para uso informativo o para tener contacto con familia y amistades, y suelen marcar unos límites más definidos en cuanto a su privacidad. Sin embargo, cuando sucede algo relacionado con este tema, esas parejas más maduras llevan el conflicto a extremos más profundos, remueve sus cimientos de forma más intensa.

Se encuentran más complicaciones debido a las redes sociales entre parejas recientes, donde el vínculo aún no es estable. Aunque también las hay en parejas consolidadas en las que se han dado situaciones de celos o en las que han existido problemas en la comunicación.

Estas dificultades se suelen trabajar tanto a nivel individual como en pareja:

  • A nivel individual, abordamos temas como la dependencia emocional, el control de la impulsividad y la autoestima.
  • En pareja, trabajaremos las creencias irracionales sobre las relaciones de pareja (alimentadas muchas veces por los mitos del amor romántico), la comunicación no violenta y la expresión emocional saludable. También es importante dejar claros cuáles son los límites que separan lo que se comparte en pareja con la privacidad y la libertad individual. Todo esto suele redundar positivamente en la confianza mutua y en el establecimiento de conductas adaptativas.

La tecnología tiene el poder de iniciar, construir y mantener una relación, pero también el de dañarla. Depende del uso que le demos a esa herramienta.

Quizás vale la pena recordar que lo esencial es invisible a las redes sociales.

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Tu cerebro pide rutina, aunque te cueste admitirlo

Tu cerebro pide rutina, aunque te cueste admitirlo

La rutina tiene malísima prensa, pero más allá de ahorrarte tiempo, te equilibra, estabiliza y tu organismo agradece. Así de bien le viene a tu organismo y así te comportas gracias a ella.

Rutina de lunes: despertarse, ducha, desayuno, llevar a los niños al colegio e ir a trabajar. Prepandemia o postpandemia, el día a día de millones de españoles empieza con un ritual casi atávico, que se va extendiendo a lo largo del día.

Comemos a horas similares, hacemos deporte en los mismos momentos y, por si fuera poco, procuramos irnos a la cama, un día tras otro, a la misma hora. Tu cerebro y tu organismo piden rutina, tu rebeldía protesta y se queja, llamándola aburrida, predecible, tediosa y otro sinfín de lindezas que sería mejor no poner por escrito. Aún así, tu rutina te mantiene con los pies en el suelo y, pasando desapercibida, nos hace más bien que mal.

Precisamente es a ella a quien echamos mucho de menos en 2020, confinamiento mediante, y de por qué apreciar la rutina es algo que, con sus matices, necesitamos.

Una rutina de largo recorrido

Sin embargo, las rutinas evidentemente no empezaron en 2020, ni se alteraron durante la pandemia más de lo que han hecho durante siglos de evolución humana. Las rutinas, aunque sean aburridas, son necesarias, sobre todo para el desarrollo evolutivo y de hábitos desde que somos bebés.

Es cierto que no tienen la chispa del riesgo o de la novedad, pero a nuestro cerebro le permite ir anticipando situaciones y ahorrar energía que necesitará para otros imprevistos.

No la queremos de manera consciente, pero nos permite mantenernos en un mundo cambiante, previendo lo que va a suceder. Aunque no solo es esa su función, sino también es algo que, fuera de nuestro cerebro, pedimos a gritos.

Es conveniente a nivel fisiológico porque nos estabiliza, como son las rutinas de sueño, de descanso o las alimenticias. El cuerpo humano funciona por ciclos y pequeños cambios pueden alterar mucho, como por ejemplo el cambio de hora, que en niños se nota muchísimo.

Evidentemente, no hay que ser estricto si tenemos unas ciertas rutinas y es que tan malo puede ser la carencia de reglas como una ortodoxia extrema a ellas. No pasa nada por saltárnoslas un día, pero la falta de hábitos nos desestructura.

Una rutina para todas las edades

Para ir al gimnasio, para sentarse a la mesa e incluso para adaptarse al teletrabajo en estos tiempos volátiles, la rutina sirve como ancla y, aunque parezca lo contrario, favorece ciertos ritmos en el hogar. Adoptar rutinas dentro de la intendencia familiar nos ayuda a reorganizar y a encontrar cierta conciliación en el ámbito de la rutina.

Al final, aunque no queramos admitirlo, permite que economicemos tiempo, un bien escaso y preciado, y nos hace más eficientes porque hacemos casi de manera mecánica ciertas tareas que acaban demostrándose efectivas. Nos aporta sensación de control y permite al cerebro categorizar y priorizar, porque nos permite automatizar comportamientos.

Lo contrario de las rutinas, sin sumergirnos en el caos, implica tener que dar ciertos volantazos cotidianos que obligan a tomar decisiones constantemente. Esto, que a priori da cierta sensación de libre albedrío y libertad, puede acabar convirtiéndose en una constante, es decir, en otra rutina, pero sin las ventajas añadidas que ésta tiene.

También, aunque parezca raro, nos permite ahorrar dinero. Pensemos por ejemplo en una rutina culinaria o de compra. Si todos los martes comemos menestra de verduras -o lo que tengáis en mente-, sabremos que para el martes habrá que tener ese producto en la nevera y eso hará que los imprevistos sean menores.

Sin embargo, crearlas no es un juego de niños, ya que nos exige constancia en ciertos comportamientos. Pensemos, por ejemplo, tareas tan elementales como ducharnos a la misma hora, cepillarnos los dientes, vestir a los niños o hacer la cama. Sí, son sencillas, pero encontrar el timing justo para acabar haciéndolas una vez tras otra, entediéndose como hábito, no acaba siendo tan sencillo, pero acaba produciéndose a través de la repetición, creándose una especie de refuerzo positivo por estos pequeños logros cotidianos.

Efectividad, eficacia y maestría son tres cualidades que cualquiera querría poseer, y que a través de las rutinas se pueden alcanzar con el perfeccionamiento de ciertos comportamientos. Es cierto que en la mayoría de nuestras situaciones diarias nadie va a venir a colgarnos una medalla por planchar bien las camisas, por bañar a los niños en tiempo récord o por conseguir que a las 23:00 estemos dormidos, pero a nuestro cuerpo le sienta bien esta economía rutinaria.

Cuando la rutina se nos va de las manos

Todo en exceso es malo y nuestra querida compañera de fatigas no iba a ser menos. Si bien no parece tan obvio, sí es cierto que puede tener un efecto pernicioso si un cambio rutinario, a priori pequeño, acaba provocando un seísmo en nuestro día a día.

El límite de una rutina está en cuando su desaparición o su alteración nos implica daño. En ese momento es cuando debemos buscar ayuda o tratamiento si está interfiriendo en nuestra vida normal y lo hace a menudo, es decir, que su falta me afecte y me cause dolor.

Cuando abrimos tras el confinamiento llegaba mucha gente que se había contenido mucho tiempo y que acabó desbordada. Nuestro cerebro quiere tener sensación de control y nos gusta tener la posibilidad de gestionar lo que está en nuestra mano.

Algo que saltó por los aires en marzo de 2020 y que no hizo prisioneros, sobre todo porque esa rebeldía no podía ser manejada a nivel hogar o laboral, sino que la ‘protesta’ se convertía en difícil de canalizar. Razón por la que nuestras rutinas, tan vilipendiadas ellas, en el confinamiento se fueron al traste y empezamos a echarlas de menos y es que, aunque no lo parezca, nuestro cuerpo pide calma y rutina.

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Por qué tu bebé no debería utilizar tacatá

Por qué tu bebé no debería utilizar tacatá

La cadera se coloca en una posición abierta con posibles problemas rotacionales en los miembros inferiores

«Mientras venga sano, lo demás no es tan importante». Estas suelen ser nuestras primeras palabras como madres o padres. Y se sustentan en un historial médico del tamaño de un libro con ecografías, analíticas y pruebas múltiples que nos indican que todo se desarrolla según lo previsto. No escatimamos tampoco en preparaciones para el día del parto y sus posteriores cuidados: clases, libros y charlas, cualquier información es poca.

Luego, una vez nace, los nuevos padres entran en una vorágine de preocupación constante. Pero, ¿y los pies? ¿Quién se acuerda de ellos? Los primeros pasos como padres ya están establecidos, pero no los del bebé. Y la realidad es que nadie nos enseña a afrontarlos.

Las patologías del pie pueden empezar pronto

El pie es la parte fundamental de la anatomía humana para ser independientes en nuestro desplazamiento. Los bebes empiezan usando los pies para jugar en el patio del recreo o en el parque. Y luego, cuando llegan a adultos, se mueven con ellos para recoger su título en la Universidad o correr una maratón.

Las patologías del pie se pueden empezar a desarrollar en nuestros primeros meses de vida. Una correcta prevención en ese primer gateo, en las primeras pisadas y las posteriores zancadas puede resultar fundamental en su desarrollo.

Para ello es importante saber que cuando el bebé nace no tiene huesos en los pies, aún están formados por cartílago. Cada hueso empieza y termina de osificarse en un tiempo, siendo el más tardío a los 10 años.

En esta evolución, el pie pasa por diferentes etapas y necesidades. Lo más importante es permitir el desarrollo fisiológico del pie y evitar errores frecuentes desde los primeros pasos. ¿Cómo? Siguiendo una serie de recomendaciones:

Evitar el uso de portabebés

La mochila portabebé sirve para llevar al bebé pegado al cuerpo y a la vez llevar los brazos libres. Este elemento es muy útil para los adultos, incluso se puso de moda hace unos años. Sin embargo, en el caso de los portabebés no ergonómicos, los bebés lo sufren porque les obliga a llevar las piernas totalmente abiertas. Además de prohibirles su total libertad de movimiento y desarrollo, forzamos una apertura de cadera elevada y producimos rotaciones en el fémur.

Gateo, sí, gracias

Siempre se ha dicho que el gateo retrasa el inicio de la marcha, pero evitar el gateo nos traería múltiples problemas. El gateo es un proceso natural que el bebé realiza para desplazarse y, en ese movimiento, los músculos adquieren la fuerza para seguir con el proceso de la marcha e ir adaptando fuerza y coordinación. Además, la posición del gateo hace que nuestra espalda adquiera la curvatura necesaria para la posición erguida.

Tacatá, no, por favor

El tacatá o andador es un mecanismo que mantiene una posición forzada para el bebé que es perjudicial para su desarrollo. La cadera se coloca en una posición abierta con posibles problemas rotacionales en los miembros inferiores. Además, el bebé no llega bien al suelo y se tiende a una marcha de puntillas, y es la causa de muchos de los accidentes entre 5 y 8 meses de edad.

No forzar al bebé a camina

Es muy común intentar animar al bebé a caminar. Pero los huesos y músculos podrían no estar preparados y estarían soportando una carga mayor de la que son capaces. Forzar a caminar al bebé antes de tiempo solo le producirá mayores caídas.

Pisar suelos irregulares

Ni siquiera en los primeros meses dejamos a nuestros hijos ir descalzos. Cuando lo hacen, suele ser en casa con un suelo totalmente liso. Esto carece de estimulación sensorial y desarrollo muscular intrínseco del pie. Para aumentar este estímulo, existen alfombras o discos sensoriales, y cojines o bolas de equilibrio. Con estos elementos pueden jugar y a la vez desarrollar su función del pie con completa naturalidad.

Bicicleta sin pedales

Las bicicletas sin pedales han sustituido a las antiguas bicicletas con «ruedines» por tener más beneficios. En los primeros años de vida, el niño aprende mejor la coordinación motora necesaria. Aumenta su equilibrio sobre la bicicleta en marcha, coordinando los dos pies para no caerse. Con el tiempo cogerá más velocidad y los pies pasarán menos tiempo en el suelo. Se adquiere mayor confianza y seguridad a la hora de cambiar a una bicicleta con pedales. Las habilidades sensorio-motoras adquiridas con la bicicleta de equilibrio tienen más eficacia.

¡Mucho ojo con el calzado!

Todos los niños tienden a quitarse los zapatos. No les gusta tener los pies encerrados en sus zapatos, y con razón. El zapato debe respetar la fisiología y evolución del pie y no estar sometido a la estética de la industria del calzado infantil. Hasta que el bebé no empiece a andar es aconsejable no calzarlo. Después, el calzado cumplirá la función de protección y debe ser lo más flexible posible, sin que haya ningún elemento rígido o semirrígido en la parte trasera. La suela debe ser fina y sin altura en el talón. Por último, hay que tener presente que en el calzado no sólo es importante el largo sino también el ancho. Debe tener espacio suficiente para no oprimir los dedos.

Nos preocupamos mucho por estos primeros pasos, pero no tanto por los segundos y los terceros. La evolución de la pisada de los niños será lo que les lleve a caminar y correr correctamente.The Conversation

Las pautas podológicas suelen ser sencillas y están en continua actualización, pero falta mucha divulgación científica al respecto. Tener cultura sobre nuestros pies es clave, con mensajes precisos, claros y consistentes. Y puede ser un pequeño paso para un bebé, pero un gran paso para el futuro adulto en el que se convertirá.

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