Qué hacer cuando nuestro hijo es el que agrede

Qué hacer cuando nuestro hijo es el que agrede

Trabajar con el menor responsable del acoso es fundamental para erradicar conductas inapropiadas y brindarle la ayuda que necesita. Muchas veces, el acosador también es víctima

¿Qué podemos hacer si creemos que nuestro hijo o hija es culpable de acoso?

Ante todo, no minimizar el problema. Actuar. Evitar a toda costa los “no pasa nada”, “son cosas de chicos” o “tal vez le provocaron”. La no intervención hará que el problema se perpetúe en el tiempo a través de nuevos episodios con nombres diferentes y que, incluso, llegados a la edad adulta, se transformen en casos de violencia de género, maltrato o acoso laboral. El agresor, a fin de cuentas, es en este caso otro menor de edad que también necesita ayuda. Tienen que establecerse unas consecuencias lógicas y coherentes con la situación ocurrida, que vayan orientadas a reparar el daño causado y en las que se trabaje la empatía: cómo te sientes, cómo has hecho sentirse a los demás.

Recurrir a nuestra unidad de psicología para adolescentes a buscar ayuda profesional es de vital importancia y ayudará a identificar todo lo que se esconde detrás de la situación de acoso. Porque, en ocasiones, los mismos agresores sufrieron un abuso en el pasado, y lo pueden estar reproduciendo; o provienen de un entorno familiar en el que la violencia está normalizada. Por eso es fundamental enseñarles a relacionarse de una manera diferente, a tener un comportamiento asertivo en lugar de agresivo y a trabajar la inteligencia emocional y la empatía. Son jóvenes que actúan de forma muy impulsiva, carecen de estrategias no violentas para resolver conflictos y suelen tener una baja capacidad de autocontrol y poca tolerancia a la frustración.

Para prevenir hay que empatizar

La prevención ha de empezar a trabajarse en casa y desde edades tempranas, porque si esperamos a hacerlo hasta los 17 años, es fácil que lleguemos tarde. Practicar la empatía implica enseñarles a ser solidarios y a hacer cosas por los demás, para que vean que en el centro escolar se puede ser líder teniendo una actitud de cooperación. Se debe favorecer muchísimo la cercanía, la comunicación y el diálogo con nuestros hijos e hijas desde las primeras etapas, para saber cómo es su día a día, cuáles son las mejores cosas que les han sucedido y las dificultades que han podido tener, sin olvidarse de fomentar el sentimiento de pertenencia dentro de la familia. A nivel preventivo, es necesario estar muy al tanto de con quién se relacionan y cuáles son los desafíos a los que se enfrentan. Y que te vean como un modelo de referencia y te puedan consultar cualquier duda o problema.

En Cesaplorca estamos a tu disposición. Déjanos ayudarte desde nuestra unidad de psicología en todo el proceso. + info 968 100 006 o en nuestro formulario de contacto.

Traumatismo craneoencefálico | Causas y Tratamiento

Traumatismo craneoencefálico | Causas y Tratamiento

El daño cerebral producido por un traumatismo craneoencefálico se define como la afectación del cerebro causada por una fuerza externa que puede producir una disminución o disfunción del nivel de conciencia y conlleva una alteración de las habilidades cognitivas, físicas y/o emocionales del individuo.

Causas del traumatismo craneoencefálico

La fuerza externa implicada en un Traumatismo Craneoencefálico ejerce sus efectos sobre el cráneo, bien por contacto directo (agresiones, caídas, golpes, accidentes deportivos, etc.) o por inercia (accidentes de tráfico).

La afectación cerebral provocada por las fuerzas implicadas en un Traumatismo Craneoencefálico son muy variadas lo que explica la amplia heterogeneidad clínica que presentan estos pacientes.

La disfunción cerebral provocada por las lesiones focales viene determinada por su extensión y localización.

Los problemas más frecuentes son los conductuales y los problemas de almacenamiento de información nueva.

Las lesiones difusas afectan fundamentalmente a la conectividad entre áreas cerebrales y son responsables de síntomas como los problemas de atención y concentración, o la disminución en  velocidad de procesamiento de la información, entre otros.

Consecuencias del traumatismo craneoencefálico

Una de las primeras consecuencias de un traumatismo craneoencefálico es la pérdida de conciencia. La duración y el grado de ésta es uno de los indicadores más significativos de la gravedad del traumatismo.

Tras la recuperación progresiva del nivel de conciencia y de la orientación, la mayoría de los pacientes presenta gran diversidad de secuelas físicas, cognitivas y de comportamiento que varían en su naturaleza y gravedad, en función de la extensión y localización del daño cerebral, así como de las características de personalidad e inteligencia previas del afectado. A pesar de esta diversidad puede decirse que existe un patrón de afectación específico asociado a lesiones cerebrales focales que implican los lóbulos frontales y temporales.

Tratamiento del traumatismo craneoencefálico

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Usar chupete y chuparse el dedo: ¿sí o no? Beneficios e inconvenientes

Usar chupete y chuparse el dedo: ¿sí o no? Beneficios e inconvenientes

Aunque este habitual dispositivo infantil puede reducir el estrés y ayudar a aprender la succión en prematuros, los expertos advierten de que también predispone a sufrir otitis e interfiere en el desarrollo del lenguaje.

El uso del chupete es algo habitual en la crianza de los hijos, ya que calma el llanto del bebé, les ayuda a conciliar el sueño y reduce el estrés y el dolor, situaciones que, cuando se dan, afectan al bienestar de los pequeños, pero también al de sus padres y madres. No obstante, cada vez son más los expertos que alzan también la voz para incidir en sus efectos adversos. Se puntualiza que “su utilización conlleva tanto beneficios como riesgos y su empleo es motivo de controversia porque se suele recomendar o desaconsejar basándose en experiencias personales y no siempre en pruebas científicas”. Entonces, ¿Cuáles son las ventajas y desventajas de usarlo?

“La palabra chupete en inglés se llama pacifier, que significa pacificador y se refiere a un objeto que tranquiliza”. Efectivamente con él se logra reducir el estrés y dolor abdominal en procedimientos desagradables, algo importante en bebés que requieren pasar por neonatología; puede contribuir al aprendizaje de la succión en prematuros y disminuye el riesgo de muerte súbita, particularmente si se utiliza durante el sueño.

En cuanto a los riesgos, sobre todo ocurren si se introduce de forma temprana. “Puede producir dificultades en la lactancia porque, al satisfacer la necesidad de succión, disminuye el vaciado del pecho y la producción de leche materna. La mayoría de las sociedades científicas recomiendan que su uso se posponga hasta el mes de vida para lograr que el amamantamiento quede bien establecido”. Además, que la utilización frecuente también puede predisponer a infecciones del oído medio u otitis, es decir, el proceso inflamatorio e infeccioso del conducto medio del oído, y a infecciones de la mucosa oral por un hongo llamado cándida que habita en la flora bucal.

Respecto al hecho de chuparse el dedo, la pediatra indica que muchos pequeños tiran de pulgar para tranquilizarse porque “lo tienen totalmente accesible”. Para la medicina, esta rutina debería parar entre los 18 y los 24 meses: “Succionar es un reflejo”.

Chuparse el dedo es un acto innato. Se ha evidenciado que, en periodos intrauterinos, a partir de los siete meses de gestación, es habitual que muchos bebés lo hagan”. El empleo abusivo y prolongado del chupete o de la succión del pulgar puede interferir en el desarrollo del habla o, incluso, del lenguaje, dando lugar a anomalías en las estructuras dentomaxilofaciales. Por ejemplo, también se pueden alterar los órganos fonoarticulatorios debido a que interfiere en el correcto desarrollo de estos órganos en la primera infancia, llevando a dislalias orgánicas y funcionales que repercuten en la pronunciación de algunos sonidos en el lenguaje oral.

Una retirada respetuosa

“Las alteraciones que se producen por el empleo del chupete afectan en este orden: a la respiración, masticación, deglución y posición de reposo lingual, y, por tanto, al habla. El uso prolongado del mismo se da a consecuencia, en muchos momentos, de la falta de oportunidades para la conciliación y, con él, el bebé o niño se calma, pero no aprende a gestionar sus emociones más allá del control a través de un objeto artificial”. Cuando los padres decidan quitárselo han de valorar los momentos en los que lo usa su hijo y hacerlo de un modo respetuoso, sin una retirada con engaño o haciéndolo desaparecer, porque con ello, aumentaría en el niño el nivel de ansiedad.  “Un chupete mal retirado lleva al dedo. Yo recomendaría a los padres consultar con un profesional y pensar en las consecuencias de hacerlo mal y deprisa”.

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