¿Por qué siempre queda hueco para la tarta, pero no para una manzana?

¿Por qué siempre queda hueco para la tarta, pero no para una manzana?

La pandemia de obesidad que afecta al planeta demuestra que se trata de un tema que está lejos de ser bien entendido

Ante la inevitable pregunta, “¿algo de postre?”, y aunque haya que aflojarse el cinturón tras la comida, el hechizo de una tarta o un dulce es irresistible. El porqué de que muchas personas, aun estando llenas, siguen teniendo avidez por tartas, pasteles o helados fascina a endocrinólogos y nutricionistas. Esa atracción tiene más que ver con entender la gran complejidad de los sistemas neuroendocrinos de regulación del apetito y la saciedad, esos que permiten ingerir en forma de alimentos la cantidad de energía necesaria para funcionar, sin pasarse ni almacenar su exceso en cartucheras y perímetro abdominal.

Aunque algunas personas son más golosas que otras, existe un conjunto de razones por las que a muchas el cuerpo nos pide postre tras una comida copiosa. La interacción entre nuestro sistema endocrino y el sistema nervioso central para regular el hambre que tenemos es intrincada. Destacan, para empezar, dos hormonas con funciones opuestas: la leptina, considerada la hormona de la saciedad, y la grelina, considerada la del hambre. La leptina regula el equilibrio energético a largo plazo y promueve que mantengamos nuestro peso habitual. Es secretada por nuestras células de grasa cuando detectan que tenemos depósitos suficientes, informando al cerebro para suprimir el apetito y que dejemos de comer. Pero sus niveles no varían con una ingesta aislada, ni tienen una acción inmediata. “Necesita estímulos continuados en el tiempo para modificarse. Tiene más que ver con conductas alimentarias y con la cantidad de grasa que cada uno tiene”.

Por otro lado, “la hormona más relacionada con el hambre es la grelina”. Producida por la mucosa que recubre el estómago, ejerce, a diferencia de la anterior, una acción rápida que induce el apetito en los centros neuronales de la saciedad y el hambre del hipotálamo e interviene en la iniciación de las comidas. El factor fundamental para que se libere en sangre es el vaciamiento gástrico. “Cuando el estómago está más vacío, la sensación de agujero en el estómago hace que se sintetice y la persona sienta hambre. Parece que puede haber picos a las 8, a las 12 y a las 20 horas y que por eso también queramos comer hacia esos momentos del día”.

“La grelina favorece la ingesta, el almacenamiento de las grasas, la disminución del metabolismo basal, el ahorro energético y que tengamos avidez por alimentos altos en calorías o en azúcares”, apuntando a otra de las claves de nuestro insaciable espacio para la repostería. “Hay otros receptores que se estimulan por comidas ricas en azúcares y grasas. El sistema es mucho más complejo que una simple hormona que hace on-off. Evidentemente, a cada uno nos gusta un tipo de alimentación y eso va a estimular receptores de recompensa en nuestro cerebro”. En efecto, los alimentos ricos en azúcares y grasas encienden nuestros centros de placer en el cerebro, en especial si se combinan en alimentos procesados —como muchos postres—, hasta el punto de que algunos científicos los consideran capaces de generar una auténtica “adicción a la comida”.

Esta avidez por alimentos con alto contenido energético tiene también una justificación evolutiva como mecanismo de supervivencia: estamos diseñados para sobrevivir en el contexto de escasez de la sabana africana, no en la abundancia de las sociedades ricas contemporáneas. “Evolutivamente estamos hechos para que nos encante el dulce, incluso más que la grasa”. Tanto, que ya no basta con el dulzor de los productos naturales. “Nos gustaba la fruta originalmente porque tiene azúcar, pero, conforme hemos ido evolucionando, hemos ido dándole más intensidad a ese sabor. Ahora a un niño le preguntas si una manzana está dulce y te dice que no”.

¿Cómo evitamos, entonces, caer en la tentación?

Entendiendo estos mecanismos y que los ambientes de socialización o la amplia disponibilidad de alimentos, como ocurre en los buffet libres, también nos empujan a comer más. Como la sensación de plenitud desde que empezamos a comer puede tardar unos 20 minutos, también tiene sentido comer más despacio y tomarnos un tiempo antes de decidir si de verdad necesitamos la tarta, si optamos por algo más saludable o si no queremos nada. En última instancia, siempre podemos compartir postres o pedir porciones reducidas.  Apunta a la educación temprana en hábitos saludables, sin olvidar que todo nuestro entorno, la publicidad y un sinfín de estímulos nos empujan a comer productos más sabrosos e insanos. “La solución es acostumbrarnos desde pequeños a que el dulce lo tenemos que conseguir de la fruta y a que, solo en determinadas ocasiones, tomemos un postre con mucho azúcar. Es como la sal, cuanta más tomas, más necesitas”.

En Cesaplorca estamos a tu disposición. Déjanos ayudarte desde nuestra unidad de nutrición en todo el proceso. + info 968 100 006 o en nuestro formulario de contacto.

Recomendaciones nutricionales para Navidad

Recomendaciones nutricionales para Navidad

Sabemos que este año hemos pasado más tiempo en casa que de costumbre y esto en muchos casos ha supuesto un aumento del consumo de productos ultraprocesados, debido especialmente a la facilidad de consumo y a sus componentes altamente adictivos. 

Esta Navidad todo apunta a que nos tocará cocinar y dejar para otra ocasión las comidas y cenas fuera de casa. Por lo general la mayoría de personas en Navidad acaban con unos cuantos kilos de más, especialmente por los productos azucarados típicos de estas fechas, que pueden causar problemas más graves en personas con diabetes, hipertensión o colesterol. 

Estas fechas están para disfrutarlas, así que te contamos algunas recomendaciones nutricionales para mantener tu salud intacta a pesar de los caprichos.

Consejos para establecer rutinas de comida en Navidad

  1. Nochebuena, Nochevieja o Día de Reyes son fechas de celebración en las que todos solemos excedernos pero debemos seguir una dieta equilibrada el resto de días. 
  2. Las cantidades son muy importantes, sabemos que es difícil resistirse a los dulces típicos de esta época del año pero si cuidas las raciones en las que los consumes, podrás disfrutar sin perder de vista tu salud. 
  3. Modera el consumo de bebidas alcohólicas. Puedes disfrutar de una copa de anís o una bebida típica pero sin exceder su consumo. Recuerda que las bebidas alcohólicas contienen un alto porcentaje de calorías vacías. 
  4. Realizar ejercicio físico será tu aliado. Si tienes la posibilidad, intenta realizar ejercicio físico. Andar todos los días de 30 a 45 minutos, paseos en bicicleta con los más pequeños, practicar un deporte en familia como el tenis o incluso salir a patinar.  
  5. Mantente hidratado durante todo el día y evita picar entre horas. Ten a mano siempre una fruta para combatir la gula, una manzana o un plátano son una buena opción. Recuerda el mítico dicho anglosajón “An apple a day, keeps the doctor away” (una manzana al día mantiene alejado al doctor).

Si necesitas ayuda para mantener a raya tu salud durante estas Navidades e implementar una dieta de cara a un nuevo año, no dudes en preguntarnos por nuestros planes de asesoramiento.